Es emocionante ver cómo, año tras año, incluso los más pequeños se implican con ilusión: recogiendo leña, ayudando a cortar, participando en la construcción de la estructura que dará vida a nuestro castillo de fuego. Cada gesto, por pequeño que parezca, suma y mantiene viva esta tradición tan especial.
La Cruz de Mayo no es solo una fiesta; es el reflejo de quienes somos, de nuestras raíces y de la voluntad compartida de conservarlas. Por eso, queremos volver a dar las gracias a todos los vecinos que han puesto su tiempo, su esfuerzo y su entusiasmo. Gracias por demostrar que, cuando trabajamos juntos, no solo construimos un castillo, sino también recuerdos, identidad y comunidad.
Que esta tradición siga creciendo y arraigándose en las generaciones futuras, con la misma pasión y compromiso que estos días habéis demostrado.